Atentados de París: una visión más allá de las Azores pero posterior a las cruzadas

Estoy muy orgulloso de que éste sea el primer post invitado de noCabeEnUnTuit. Me he pasado la mañana buscando en los grandes periódicos una explicación bien escrita y documentada, pero he sucumbido en el intento. Al final, esa explicación estaba en mi feed de Facebook, cuyo autor (un buen amigo) ha consentido que comparta aquí su sabias palabras. 

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Aducir las guerras imperialistas como “causa” del terrorismo salafista internacional es una percepción errónea de la realidad, en tanto que supone aplicar la misma lógica que se desarrollaría para un conflicto tradicional entre dos estados y eso, salvo que consideremos a grandes sectores de la población como quintacolumnistas y aceptemos la total incapacidad de nuestras sociedad para la inculturación, no tiene ningún sentido.

Porque de pensar así, tendríamos que concluir que los terroristas de Francia o de España o de Londres operaban bajo las directrices de los gobiernos o instituciones de los estados afectados por las invasiones atlantistas, cuando la mayoría de esos países a día de hoy ni existen (Libia, Iraq, Afghanistan), ni son oriundos de esos países los que atentan (ni tienen vínculo alguno), ni lógicamente tienen la más minima capacidad operativa para influir en la creación de redes de financiación, captación, adoctrinamiento en países del ámbito occidental que pudieran desembocar en acciones de esta naturaleza.Particularmente en el caso del terrorismo salafista-wahabi hay que incidir en esa idea de la “infraestructura” que posibilita los atentados.

Es fácil para todos el evidenciar que este tipo de terrorismo no se trata de la acción de lobos solitarios movidos por circunstancias o intereses particulares (venganza, interés económico, enfermedad mental) por lo que no podemos adscribirlo a una mera respuesta reactiva, coyuntural, ante unos acontecimientos determinados, por tanto debemos enfocar nuestro interés en el origen, en lo estructural de este tipo de violencia, y eso evidentemente ya no es tan fácil, ya que las causas estructurales tienen muchos actores, intereses y dinámicas como para poder concluir que se conocen de manera total.

En el caso del salafismo, esas causas estructurales están indisociablemente unidas a la acción de las monarquías del Golfo, las cuales, gracias a sus recursos energéticos, se han encontrado en una situación de inexplicable relevancia y con un poder de actuación casi omnímodo en el concierto internacional. Suyo es el dinero que ha pagado los kalashnikov que ayer se cobraron decenas de muertos, suyo el sueldo del Iman de la madrasa de la barriada parisina donde se habrán criado los muyaidines de ayer, suyo el dinero que ha comprado la voluntad de los políticos que han permitido la creación un para-estado en sus fronteras, suyo el campo de formación en Siria que ha entrenado como comandos a los terroristas de ayer… pero sobre todo suyos los satélites que emiten en las televisiones de las casas de poblaciones transplantadas del Magreb o la Turquía rural con mensajes de odio y fanatismo, las escuelas, mezquitas, fundaciones e instituciones que hacen que esos sectores de la población se vean sumergidos en una coyuntura que les hace ser, en efecto, quintacolumnistas, ya sea de manera activa al empuñar el rifle, o pasiva con el ladino silencio complice del que “se siente orgulloso” de que su hijo lo empuñe. Suya la culpa.

Suya la culpa, sí, pero francesas las víctimas y occidental el oprobio del consentidor, que encarnados en gobiernos motivados por los petrodólares, por una infantil idea de libertad o cuando no directamente una imbécil percepción de “lo exótico”, ha permitido que la situación llegue a este puerto.

Volviendo al tema inicial de las guerras imperiales, éstas son malas per-se, no requieren buscar un flagelo particular con el que azotarnos para criticar su existencia y la colaboración de los gobiernos occidentales en su desarrollo, ni siquiera para poder evidenciar su rol de coadyuvantes al desarrollo de actividad integrista al crear contextos de caos, regiones sin ley, flujos migratorios incontrolados… Pero usarlas para justificar acciones terroristas, nos sumerge en el mismo marco conceptual del salafismo, de su imaginaria umma (donde no caben, los shia, los sufis, y básicamente todo aquello que no sea wahabita) enfrentada al occidente cruzado y donde además flaco favor hacemos a las víctimas de las guerras imperiales, si pensamos que su principal deseo a día de hoy es vengarse masacrando civiles anónimos en una ciudad que no han visto en su vida.

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Una respuesta a Atentados de París: una visión más allá de las Azores pero posterior a las cruzadas

  1. Anton Goitia dijo:

    Explicar y justificar son cosas diferentes.

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