Nunca el “que vienen los rojos” dio tanto miedo

y de forma más injustificada, si hemos de juzgar por el escaso rojerío de los programas de las candidaturas concurrentes. Pero este no es un pozo de lamentaciones y estupefacción ante los resultados de anoche, de esos tendréis mil en vuestras redes (yo me quedo con este, pero hay mil, y muy buenos). Escribo esto porque me siento inspirado (y honestamente, creo que la culpa es de Daenerys ;-))

Este es un post para aquellos que nos denominamos progresistas. Aquellos que creemos que incluso en las sociedades de la UE como la nuestra, en las que indudablemente hemos avanzado a pasos agigantados en los últimos 60 años, el sistema sigue estando trucado: no todos venimos al mundo con las mismas oportunidades, y como sociedad deberíamos hacer muchísimo más de lo que hacemos para equilibrar los dados. Aquellos que creemos que incluso esos que se consideran y son considerados hombres y mujeres “hechos a sí mismos” y “que salieron de la nada” han tenido una tremenda dosis de suerte en el juego de la vida, ya que hay otros más capaces y más trabajadores que ellos que no alcanzaron el éxito mereciéndolo incluso más. Aquellos que creemos que por esto debemos de trabajar para proporcionar a todos una vida digna.

Si a mi análisis de wikipedia no se le ha escapado algo, ayer sufrimos la mayor derrota en votos de la historia de la democracia española, incluyendo el convulso período republicano. Efectivamente, el “que vienen los rojos” ha funcionado mejor que nunca. Explicaciones hay muchas. Probablemente el que lo enarbolara el mayor referente histórico “progresista” en el país le daba una intensidad dramática bastante inusitada [1]. Yo sigo aún preguntándome como ayudaba a mi país lo de la cal viva en la investidura. Y quiero incidir especialmente en Alberto Garzón, por ser probablemente el tipo que más respeto de todos los concurrentes (su blog está enlazado en esta página, al lado de blogs de premios nobel, desde antes de que Alberto terminase la carrera). ¿Por qué Garzón, que siempre ha sido claro  y cristalino sobre la insuficiencia de la socialdemocracia, decidió unirse a una candidatura que clamaba a los cuatro vientos que procedía de la misma costilla de Olof Palme [2] , mientras reniega de haber colaborado con las alternativas de izquierda en América latina, como si no hubieran sido saludadas por absolutamente todos los progresistas del mundo hace 10 años [3](aunque nadie tenía una bola cristal para saber como llegarían a degenerar algunas de ellas)?

Ayer, en un país que según el CIS (es decir, sus propios ciudadanos) se ladea invariablemente y significativamente a la izquierda desde que se hacen encuestas, uno de los partidos más conservadores de europa se llevó 7.7 millones de votos. Hay que hacerlo muy mal muy mal muy mal y durante mucho tiempo para llegar a esta situación. Pero las reacciones de los perdedores me dejaron aún más estupefacto. Primero Pablo, que prometía el cielo, se quedó en el suelo y, fruto de algún hechizo sin duda, rechazó hacerse responsable del desastre. Pero peor aún (por lo sorprendente, al menos en mi caso) fue ver a  Pedro celebrar la victoria del PSOE “dentro del bloque de la izquierda”. Lo de que ese bloque tienda a comprimirse hasta el tamaño de una pieza de Lego, eso era secundario. Había “ganado”, SU futuro político estaba asegurado. Qué asco. Qué impotencia.

Mientras de este lado estábamos entretenidos eligiendo capitán del barco y color de la bandera, los de enfrente hacían correr la voz de que la papeleta azul era la única que te garantizaba que no te metiesen ocupas en la casa de la sierra. Por lo visto, en España hay mucha segunda residencia (o muchos aspirantes a ella). Otra cosa no explica que el gobierno de europa con la corrupción más sistemática, desvergonzada y generalizada desde que Silvio Berlusconi abandonó la escena saque 137 diputados. Visto como pinta el tema por el resto de Europa, si a Rajoy se le ocurre culpar del paro a los rumanos o a los ecuatorianos saca mayoría absoluta. Pero se le tenía que haber ocurrido. Ese no es Mariano. Mariano no da pasos en falso. Mariano no da pasos.

Esperemos que aprendamos la lección: es absurdo intentar reconstruir el partido hegemónico de izquierdas que todo lo puede. Sus votantes de ahora son demasiado inteligentes y están demasiado bien informados como para tragar con basuras bajo el nombre de disciplina de partido u otros eufemismos. Elijamos un candidato unos meses antes de las elecciones en primarias. Y por favor, no más cainismo: los “números dos” o los “perdedores de primarias” son activos de un capital político tremendo. No existe razón en el mundo para apartar a los Errejones ni a los Madinas de la primera línea más allá de los egos  y las inseguridades de los amados líderes.

Y lo primero y más práctico: habéis perdido. Los dos. A lo grande. En este país hay gente muy brillante con muy buenas ideas que merece una oportunidad. Echaos a un lado, y a remar.

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