¡Que inventen los nuestros!

Ninguna universidad española entre las 200 primeras (de nuevo).
Me ha dado por buscar un dato curioso. El presupuesto en investigación de el tecnológico de Massachussetts (MIT) para 2017 (1340 millones $) es aproximadamente el mismo que la suma de los presupuestos del Real Madrid y del Futbol Club Barcelona para el mismo año.
No aporto la comparación por ningún tipo de demagogia fácil: tan anómalo es que un país del nivel de desarrollo del nuestro no tenga una universidad en el top 100 (ni en el top 200), como que las dos principales marcas deportivas del mundo estén ambas radicadas en suelo patrio.
Y a uno le da por pensar cosas… cuando “hubo que recortar” por la crisis, la investigación se llevó el mayor recorte de todos, y fue el recorte más cobarde: los departamentos se quedaron con más catedráticos que doctorandos. El recorte hubiera sido económicamente equivalente a cerrar 20 de las 50 universidades publicas, pero no cerró ninguna. En lugar de dejar a los profesores contratar investigadores e investigar, que es lo suyo, se les puso en una especie de carrera por captar alumnos para “másteres a ninguna parte”, lo que fuera por cobrar 4 mil y pico euros a la mayor cantidad posible de estudiantes, de forma que “las cuentas del departamento cuadrasen”.
Los resultados en investigación no son jamás inmediatos (los que hemos estado un año tirando y aflojando con un editor para publicar un artículo podemos dar fe de ello) y ahora nos van saliendo las vergüenzas: los chicos y chicas brillantes que se tuvieron que ir a Reino Unido, a Estados Unidos, a Alemania y ahora engrosan las publicaciones de sus países de acogida…porque nadie les ofreció nada cuando terminaban sus tesis, o directamente no pudieron encontrar una beca doctoral. Y todo ese talento foráneo que hubiera deseado venir, pero “si no hay ni para los de casa, imagínate para los de fuera”.
Volviendo al fútbol, y a la ciudad donde vivo, Madrid. Desde que me mudé, las dos entidades más beneficiadas de ese maravilloso casino (con fichas repartidas por las administraciones locales) de las recalificaciones urbanísiticas han sido los dos clubes de fútbol más importantes de la capital: donde uno de los clubes tenía sus campos de entrenamiento ahora tenemos 4 rascacielos como cuatro soles, y el otro club se construye un estadio nuevo y radiante y aún así gana dinero vendiendo los terrenos del anterior, donde por obra y gracia del alcalde de turno se da permiso para construir casas que se venden al mejor postor donde previamente solo podía haber instalaciones deportivas de uso público.
Incluso suponiendo que es inviable construir viviendas y oficinas a precios asequibles en zonas donde la mano invisible está dispuesta a empujar carros de dinero, uno se pregunta con que criterios se elige a los “afortunados”. La universidad más grande de la ciudad, la Complutense, ha estado y sigue estando al borde del abismo. El que aquí escribe ha vivido cambios de horario de asignaturas a mitad de semestre para poder cerrar antes (a las 7pm) la facultad y así ahorrar en calefacción, electricidad y conserjes. Curiosamente, es la titular terrenos muchísimo mayores y mejor localizados que los de los clubes de fútbol, pero a ningún político le pareció interesante inyectarle de una vez cientos de millones a una Universidad: al fin y al cabo, allí no juegan Zidanes, ni Figos, ni Grismans, ni Costas.

Pero siempre hay motivos para la esperanza. En el periodo anterior a 2010, España fue uno de los países que más creció en producción científica entrando en incluso en el top 10 (por contextualizar, somos el país numero 14 en PIB, el 15 en inversión en i+D, y el 30 en población). El grupo Nature aún hoy considera a España la novena potencia mundial por impacto de publicaciones científicas (este dato utiliza un histórico, inevitablemente se reducirá próximamente por los motivos anteriormente explicados).  Casi 60 años después de Severo Ochoa, se vuelve a hablar de un español en las quinielas a un Nobel de ciencia.

Es decir, que nuestros investigadores llevan a cabo un pequeño “milagro” similar al de nuestro personal sanitario: hacen mucho con muy poco. Ya va siendo hora de que les demos bola.

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